
Los participantes en el estudio, en su mayoría estudiantes veinteañeros de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), recibieron 30 dólares, y entonces se les preguntó si estarían de acuerdo en participar en cada uno de más de 250 juegos, en los cuales tenían un 50 por ciento de probabilidades de ganar una cantidad de dinero o perder otra cantidad. ¿Aceptarían ellos, por ejemplo, jugarse a cara o cruz ganar 30 dólares frente a perder 20? Mientras los 16 participantes estaban considerando las posibles apuestas, eran escaneados mediante resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI), lo que permitía a los investigadores estudiar su actividad cerebral.
Para cada pregunta, los participantes respondieron si aceptaban el juego plenamente convencidos, si lo aceptaban inseguros, si lo rechazaban con inseguridad, o si lo rechazaban con determinación. A los participantes no se les informó de si ganaban o perdían hasta que se hubiera completado su escaneo mediante fMRI. Después de esto, los investigadores seleccionaron al azar tres de los juegos, y si los participantes los habían aceptado anteriormente, los investigadores lanzaban una moneda al aire y los participantes ganaban o perdían el dinero. Lo que les interesaba a los investigadores era, en realidad, la actividad de las regiones del cerebro durante el proceso de tomar decisiones, y no la reacción de los sujetos al ganar o perder.
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